Para nadie es un secreto el hecho de que el planeta esté fuera de equilibrio. Desde la revolución industrial (tal vez desde antes) hasta nuestros días, la preocupación por la consecución de la riqueza y del bienestar ha sido el principal motor de nuestra civilización, dejando a un lado el equilibrio y el bienestar de la naturaleza entera. Además de la caza indiscriminada, de la tala indiscriminada, de la sobreexplotación de los suelos, del exceso de emisiones de dióxido de carbono y del vertimiento de sustancias tóxicas en los suelos y en los afluentes de agua, uno de los grandes problemas medioambientales de hoy en día tiene que ver con la agricultura. Por esta razón, aunque seas vegano, y, sólo gracias a este hecho, estés contribuyendo a la protección de la madre naturaleza, este asunto te concierne. Ten en cuenta que la mayor parte de tu dieta tal vez provenga de la agricultura a gran escala.

¿Esto por qué es un problema? Bueno, por un lado, el monocultivo de ciertas plantas (sea orgánico o no) va a desequilibrar el medio ambiente porque la naturaleza necesita siempre variedad y balance. No todos los microorganismos, ni los insectos, ni las aves, ni los mamíferos, ni los hongos se alimentan de lo mismo. Por otro lado, crear grandes zonas de cultivo, en muchos casos, significará la tala de largas extensiones de bosques. Pero lo más grave, incluso más que todo lo anterior, es el uso de pesticidas e insecticidas (como los usados por Monsanto, derivados del temible agente naranja) que acaba con toda la microfauna que se acerque a los cultivos.

Y ahí entran en juego las abejas.

La importancia de las abejas ha pasado inadvertida por mucho tiempo para la mayor parte de la gente, y su cuidado sólo se ha convertido en tendencia en todo el mundo a partir de las nefastas consecuencias que se desprenden de la ausencia de estos insectos. Muchas especies de plantas (y en ese conjunto, el noventa por ciento de lo que cultivamos para comer) dependen directamente de la polinización de las abejas; y otras, que no consumimos, pero que necesitamos, como el pasto, también. Si se extinguieran las abejas, la catástrofe medioambiental nos llevaría, sí o sí, a la desaparición en muy pocos años. Los chinos ya lo saben, y han aprendido la lección porque, en muchos grandes cultivos (de pera y manzana, más que todo), la polinización debe hacerse de forma manual por parte de los trabajadores. Morgan Freeman también lo sabe: este famoso actor de Hollywood ha destinado cientos de hectáreas de una de sus propiedades para que opere como un santuario de abejas.

Bueno, ahora sí, ¿qué puedes hacer tú? No tienes que tener una inmensa propiedad para seguir los pasos de Morgan Freeman. Sólo con hacer las siguientes tareas (y darle ejemplo a quienes te rodean) puedes contribuir a la preservación de las abejas.

Ceres Justos Colombia

 

Por un lado, no consumir miel. Es claro que si eres vegano esto no sucederá, pero si alguien te pregunta por dónde puede comenzar para cuidar a estos insectos, ya le puedes indicar el punto de partida. No hay necesidad de seguir explotándolas. Es hora de cuidarlas y dejarlas en paz. En segundo lugar, evitar consumir alimentos transgénicos (o, por lo menos, reducirlos). A diferencia de lo que muchos creen, los transgénicos, como tal, no representan una amenaza directa para la salud. No te enfermarán. El gran problema de estos alimentos podría yacer en este punto: en la forma en que se “defienden” de los insectos y en los insecticidas y pesticidas que vienen en el paquete junto a las semillas para lograr una óptima producción. Es preferible que muchos de los alimentos los adquieras en los mercados saludables de Medellín, que siembres otros, que le compres a pequeños agricultores locales y que revises qué empresas contribuyen a la desaparición de las abejas.

Por otro lado, si tienes jardín, evita tener mucho césped y más bien deja que una sección crezca de forma natural. La naturaleza necesita de la diversidad que ella misma produce. Siembra flores blancas o amarillas como el girasol, la caléndula, la manzanilla, las margaritas; permite que crezcan las especies locales, como el diente de león, la flor de trébol o los claveles. Es más, algunas de estas flores son comestibles, ¿y por qué no compartirlas con ellas? Abónalas con materiales orgánicos y no uses pesticidas. A lo sumo, una mezcla de agua con ruda y ajo molido en un espray puede ayudar a ahuyentar a otros insectos en tu huerta, y no afectará a las abejas en lo absoluto.

Finalmente, siembra árboles frutales por ahí. Hay muchas jornadas de siembras en reservas naturales, hay caminatas ecológicas y lugares en donde puedes plantar árboles. Busca, sobre todo, que sean locales. Si son frutales, tienes puntos extra.

Puedes hacer pequeñas cosas y aportarle mucho al medio ambiente.