El australiano Joey Armstrong, conocido en redes sociales como “Joey Carbstrong”, es un activista vegano que tuvo una epifanía mientras estuvo en prisión por un crimen relacionado con pandillas. Hoy Armstrong, canaliza su asertividad para convertir a otros al veganismo.

A continuación se comparte la apasionante historia de Armstrong, relatada por la escritora Lauren James en el portal web de South China Morning Post.

“Humano” significa mostrar compasión

Las preocupaciones relacionadas con la salud o el medio ambiente convierten a muchas personas al veganismo, pero para Armstrong la razón más importante es poner fin al sufrimiento animal que él cree es un resultado inevitable de las industrias cárnica y láctea.

Armstrong es un treintañero que pasó un tiempo en prisión antes de cambiar su vida y cambiar a una dieta vegana por razones tanto éticas como de salud. El ex pandillero, hoy destacado defensor del veganismo, hace campañas para enseñar a otros activistas a lidiar con las respuestas comunes de los consumidores de carne al defender su posiciones de comer animales.

Armstrong oye decir a los carnívoros “donde compro mi carne se sacrifica humanamente”, a lo cual Armstrong responde que no se puede “sacrificar humanamente”, porque “humano” significa mostrar compasión. Él piensa que si la vida es un privilegio entonces no se le puede quitar el “mejor regalo” a un ser vivo de una manera “humana”.

Activismo en Hong Kong

Armstrong visitó Hong Kong en diciembre de 2017 para apoyar a activistas veganos locales. Se unió a Hong Kong Pig Save en protesta frente a un matadero, transmitiendo en vivo a su página de Facebook mientras escalaba una de las paredes exteriores de la instalación para filmar a los cerdos confinados en corrales.

También se unió a una manifestación en una plaza en el distrito central de negocios de la ciudad, donde los activistas llevaban máscaras blancas mientras sostenían carteles y reproducían videos que mostraban el proceso del matadero.

Las “multitudes relámpago” -flashmob- son bastante efectivas para captar la atención de los transeúntes y atraer a las personas a las discusiones, dice Armstrong.

Armstrong piensa que la gente tiene “ideas” sobre lo que sucede en un matadero, y la mayoría de ellas son muy lejanas a la realidad. Por esta razón es tan valioso contactar a las personas, mostrarles evidencia, confrontarlas y llevarlas a un escenario de reflexión donde las “justificaciones tontas” son acorraladas y la discusión sobre comer o no animales se hace desde los argumentos y la sinceridad.

Ahora la asertividad es la mejor arma de Armstrong

A pesar de los antecedentes, Armstrong, dice que su estilo de activismo no es de confrontación y pone énfasis en ser cortés y respetuoso. El activista se siente muy convencido de lo que él considera es la responsabilidad de todos los veganos: ser participantes activos en explicar a los carnívoros las consecuencias de sus acciones.

Este activista pregona que “cuando te conviertes en vegano, te das cuenta de que has estado causando daño a seres inocentes y que has hecho todo lo posible para dejar de causar daño. Pero esa es una posición neutral; no significa que estés haciendo algo fantástico, sólo significa que dejaste de hacer algo horrible o no contribuyes a algo que es horrible. Sabes acerca de estas cosas horribles que están sucediendo y si te quedas impávido y sólo observas, es como estar parado y ver a alguien abusar de su esposa y no decir nada. Si no intervienes, te conviertes en cómplice. Por eso creo que es una obligación para los veganos ser activos de cualquier manera positiva que ellos puedan. No significa parar los camiones y gritarle a la gente; se trata de ser proactivo y utilizar las habilidades que ya se tienen de manera positiva y creativa”.

Las herramientas de su pasado ayudan a Armstrong a acercarse a los demás sin temor y a mantenerse firme si hay confrontación, aunque dice que su manera moderada y respetuosa reprime cualquier discusión antes de que las cosas se puedan tornar violentas.

Después de abandonar la escuela a la edad de 14 años, Armstrong se involucró con las personas equivocadas, y eventualmente escaló a bandas de delincuencia organizada, y a la vez lidiaba con un problema de adicción a las drogas.

Armstrong cree que siempre hubo compasión en su corazón, pero estaba nublado por su entorno. A los 26 años, fue arrestado después de ser atrapado con un arma y mientras estaba en detención domiciliaria, comenzó -por primera vez- a pensar en hacer cambios positivos en su vida. Él había subido de peso y estaba muy deprimido. Buscó la mejor dieta para bajar de peso y encontró en Internet a un especialista en alimentos crudos (Dan McDonald) hablando de plantas que dan vida.

McDonald explica que si se come sufrimiento, muerte y miedo, entonces esto se manifiesta como una enfermedad en el cuerpo. Eso resonó en la mente de Armstrong, como si ese mensaje siempre hubiese estado en él, pero sólo en ese momento lo hizo consciente. Por esta razón Armstrong explica que ser vegano siempre estuvo en su mente.

Terminó en la cárcel durante seis meses, donde “tuvo una epifanía”. Él dice: “Fue lo más largo que había estado sobrio durante los últimos 12 años de mi vida. Comencé a ver mi vida con nuevos ojos. Había visto a todos los demás prisioneros allí y no quería estar en ese lugar, quería dejar las pandillas”. Una vez liberado, se armó de valor y comenzó a explorar nuevos caminos.

“Siempre he dicho que es hipócrita decir que amas a los animales, pero luego tienes en tu plato un pedazo de un animal que ha sufrido y simplemente lo comes. Era un hipócrita ambulante … por eso decidí alinear mis acciones y mi moral”, dice Armstrong.

Carbstrong y el canal de YouTube

De ahí en adelante, canalizó su confianza y asertividad para convertir a otros al veganismo. Comenzó un canal de YouTube, adoptó su personaje de Carbstrong y observó cómo se extendía su mensaje.

Ceres Justos Colombia

 

Llevar su mensaje a todo el mundo ha abierto los ojos de Armstrong ante los distintos desafíos que enfrentan los activistas en diferentes países. Por ejemplo, lo que sucede en Hong Kong.

Si bien algunos pueden argumentar que ver carne sin procesar en los ganchos de los carniceros ayuda a las personas a comprender que su comida fue una vez una criatura viva, Armstrong dice que la naturaleza de los mercados de Hong Kong, en cambio, dificulta el trabajo de los activistas locales al insensibilizar a los comensales frente al proceso de matanza. No se puede sorprender a las personas con fotos de cuerpos de animales cortados porque en el mercado los pueden ver en todas partes.

Al acercarse a la gente en la calle, Armstrong hace preguntas y les pide que reconsideren por qué comen carne.

“Las personas seleccionan los animales que cuidan y qué especies consumen. Es una discriminación basada en nada. Les ayudaría hacer la conexión con otros animales que les importan y hacerles entender que los animales que comen son seres sensibles y tan inteligentes como sus perros”.

Con el tiempo, Armstrong ha aprendido que las personas procesan los mensajes veganos de diferentes maneras y que, a pesar de sus mejores esfuerzos, algunas personas no se convierten.

“Tu responsabilidad es ser una luz brillante y dejar una semilla, una marca positiva, una pregunta realmente grande en sus mentes. Entonces sigues adelante. Algo que dices podría quedar atrapado en sus mentes durante algunos meses o incluso años. Quizá en otro momento esa semilla estará lista para brotar”.

Reflexión antes de terminar…

Alivia saber que personas como “Armstrong” hay en todas las latitudes. Un buen ejemplo de esto son los emprendedores de la “buena mesa” que han traído a la ciudad de Medellín restaurantes vegetarianos y veganos que sirven de “laboratorio social” para que las personas conozcan otros entornos con nuevas opciones, tanto saludables para ellos como respetuosas con los demás animales.