De todas las hortalizas, la remolacha es una de las más difíciles de aprender a comer. Si te gusta desde tu infancia, no importa cómo te la sirvan: será un sabor familiar con el cual no tendrás problemas. Si hizo parte de tu lista negra de alimentos desde esa edad, podría tomarte un tiempo en aprenderla a comer. En este segundo caso, para muchas personas esto no constituye un problema: se puede evitar como la peste, y puede transcurrir toda tu vida sin que esta raíz púrpura toque tu carrito de supermercado. Sin embargo, si eres vegano, necesitarás fuentes de hierro, y estas deberían ser variadas, porque no sólo de lentejas vive el hombre. De hecho, muchos médicos recetan remolacha a sus pacientes anémicos, entre otras cosas, y, debido a que el hígado de vaca no es una opción para ti, la remolacha podría ser el menos peor de tus males. Es más, se recomienda su consumo durante el tratamiento de muchas enfermedades, y, por esta razón, podría considerarse que la remolacha es uno de esos alimentos que no deberían faltar en tu nevera, por lo menos una vez por semana, pues te podría ahorrar problemas de salud (sobre todo, si lo tuyo es la hipertensión arterial).

Si te gusta la remolacha, amarás este post. Si no te gusta la remolacha, le darás una oportunidad después de leerlo, porque aprenderás un poco sobre el valor nutricional de esta maravillosa verdura (que de verde sólo tiene las hojas), y una receta un tanto exótica que te dará mucha alegría: borsh.

Bueno, ¿sabías que la remolacha se consume desde la antigüedad? Aristóteles ya hablaba de esta planta en sus estudios, y se han encontrado restos de remolachas en vetustas ruinas egipcias. De hecho, el consumo de la remolacha se extendió primero por el Mediterráneo, y, durante la Edad Media, llegó hasta los lugares más fríos de Europa. Los romanos la usaban como afrodisíaco (ni idea si funciona para ese propósito) y, en sopas, para tratar el estreñimiento. A pesar de que las hojas de la remolacha son comestibles (a diferencia de las de la papa o las de la yuca, que jamás deberías comer por su alto contenido de cianuro), lo que se suele consumir es la raíz. Las hojas tienen un sabor poco familiar para nuestra gastronomía, pero es muy común en la culinaria de Europa del Este.

La remolacha te aportará algo de proteínas, una buena porción de azúcares naturales (de hecho, un extracto de esta se usa como endulzante), pero, lo que más aprovechará tu cuerpo son las vitaminas (C, B6, K, E, tiamina, niacina, etc.) y los minerales (hierro, calcio, zinc, cobre, potasio, sodio y magnesio, entre otros).

¿Pero cómo consumir la remolacha? Si la has comido toda la vida, lo normal es que la encuentres en ensaladas, partida en cubitos. Si frecuentas los restaurantes veganos de Medellín, encontrarás otras opciones, como jugos, embutidos de soya con remolacha o un plato tradicional ucraniano, ruso y báltico llamado borsh. Si nunca lo has probado, presta atención, haz una lista de mercado y ponte manos a la obra, porque esto te va a gustar.

El borsh es una sopa bastante típica de Europa del Este, tanto, que cada país tiene su propia versión. El borsh ucraniano es el más elaborado, y, por lo tanto, el más replicado por los cocineros occidentales, y el ruso es uno de los más simplificados. Aunque la receta original lleva carne de res (hervida en el caldo), vamos a aprender una variante vegana que no tiene nada que envidiarle al plato de la cual se derivó.

Ceres Justos Colombia

Cortesía de Eisabeth.Skene en Flickr.com

Para esto necesitarás tres remolachas pequeñas (o dos grandes), una cebolla cabezona grande, una zanahoria voluminosa, una cabeza de ajo entera, una cabeza de repollo morado (busca una pequeña), una papa capira, sal, pimienta, vinagre, perejil y dos tomates de aliño.

La preparación puede parecer un poco enredada pero no lo es. Lo primero que debes hacer es pelar las remolachas (te mancharás las manos, posiblemente tu ropa, así que usa un delantal…), pártelas en cascos junto a la papa, y déjalas hervir durante media hora en una olla. Aparte, en una sartén, corta las cebollas y los ajos en julianas muy finas y sofríelas hasta que las cebollas se doren un poco. Pela los tomates y revuélvelos ahí también. Luego, añade la zanahoria (ráyala antes) y el repollo cortado en tiras delgadas. Dale vuelta a todo eso en la sartén y luego agrega la sal y la pimienta. Cuando la mezcla tenga un color que te guste, viértela en la olla, junto a las papas y a la remolacha. El agua de la olla ya debería haber desprendido mucho color púrpura. Revuelve un poco, saca la mitad de esa mezcla y lícuala hasta volverla un líquido espeso, entonces viértela en la olla de nuevo. Añade 20 ml de vinagre (cualquiera) y sirve. Corta el perejil muy fino y déjalo en un plato aparte para que los comensales se sirvan a su gusto.

Normalmente, los rusos la toman cuando hace mucho frío, y la acompañan con un vasito de vodka y con pan de centeno.

Que la disfrutes.