En posts anteriores, hemos hablado de la importancia de las huertas para la vida vegana, no sólo en términos de los costos que te puedes ahorrar, en especial, si cultivas aquello por lo que más pagas en los mercados saludables de Medellín, sino en términos de salud y cuidado del medio ambiente. Cultivar los alimentos que consumes (aunque sea una pequeña porción de ellos) te garantiza controlar la forma en que los haces crecer, los nutrientes que les aportas (y que, eventualmente, llegarán a tu propio organismo), y evitas consumir frutas y verduras transgénicas, las cuales, aunque no son del todo nocivas para la salud, resultan muy poco amigables con el medio ambiente (más que nada, con las abejas).

Muchas veganos postergan la construcción de sus propias huertas porque consideran que estas demandan mucho trabajo y mucho tiempo, y, además de ello, porque no tienen idea de cómo empezar a cultivar algunos alimentos. La buena noticia es que todo lo anterior no es del todo cierto. Si bien empezar una huerta, cultivarla, mantenerla y cosechar toma tiempo y energía, en realidad es cuestión de algunos minutos al día (todos los días). Por otro lado, no tienes que ser un experto en agronomía para empezar una pequeña huerta, y en este post aprenderás cómo hacerlo.

Ver también: Algunos tips útiles para una huerta abundante y sana

1. Construcción

Lo primero es levantar una estructura básica. Muchas personas empiezan a sembrar directamente en el suelo, pero esto no es siempre conveniente. Aunque es posible con las condiciones adecuadas, lo mejor es no empezar sembrando al nivel del suelo sino construir bancales. Esto consiste en un cajón con tierra abonada que eleva un poco la superficie y permite controlar la humedad del suelo, las plagas, las malezas y el proceso de fertilización. Lo que puedes hacer, para empezar con un bancal sencillo, es conseguir tablones y estacas. También lo puedes hacer con tabiques para construcción, que son bloques muy delgados y alargados, parecidos a ladrillos, y varillas de hierro. Dependiendo del tamaño del lugar del cual dispongas (empieza con un bancal pequeño, de un metro por dos, por ejemplo), desmaleza muy bien el terreno, aplánalo si hace falta, y, con una pala, recoge el residuo de tierra que resulta al final. Pon las tablas paradas sobre sus bordes y cúñalas con las estacas, de modo que tengas un cajón de cierta altura (30 cm, mínimo, es lo ideal).

Haz todo lo posible por construir tu huerta en un lugar soleado y ventilado.

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2. El relleno de tierra

Consigue un bulto de fertilizante natural (humus de lombriz, ojalá con lombrices, es una excelente opción) y haz una capa uniforme en todo el cajón. Luego haz una capa con la tierra que removiste para aplanar el terreno, y, si sobra espacio, compra un bulto de tierra abonada en un vivero y termina de rellenar el bancal.
En el futuro, si quieres producir tu propia tierra abonada, puedes construir una pequeña compostera, que puedes alimentar con las basura orgánica que produzcas en casa. Sólo tienes que excavar tres agujeros de 40 x 40 cm. En el primero, vas dejando capas de basura orgánica, intercaladas con tierra y una delgada capa de cal. Cuando se llene el primer agujero, sigue con el otro; y cuando se llene este, sigue con el tercero. Después de un par de meses, la tierra del primer agujero será negra y rica en nutrientes. Úsala para tus plantas y tu huerta (recuerda hacerlo cada dos semanas). Un par de meses después, la del segundo agujero estará lista, y luego, la del tercero.

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3. La siembra

Siempre es mejor germinar las semillas por aparte, y, cuando tengan suficientes hojas (por lo menos cinco en cada plántula), pasarlas a la huerta. Procura mantener una distancia de 30 cm entre planta y planta para evitar que compitan por nutrientes. Un consejo adicional: para evitar arrancar malezas todos los días, recoge residuos de podas (sobre todo, de pasto) y hojas secas y haz una capa gruesa alrededor de todas las plantas de tu huerta, de manera uniforme, como una alfombra. Esto evitará el crecimiento de plantas competidoras y conservará la humedad adecuada para tu huerta.

4. El riego

Recuerda que no todas las plantas necesitan la misma cantidad de agua. Algunas mueren por falta de la misma, pero otras, por exceso, así que ten cuidado. Dependiendo de las necesidades de cada especie, riega cada planta o todos los días, o día por medio (o, incluso, cada tres). Es mejor si usas una regadera, para que la caída del agua no lastime las hojas, y trata de dejar caer el agua cerca del tallo, hacia las raíces, en lugar de hacerlo sobre el follaje. Esto último hace menos propicio el crecimiento de hongos.

Comer los alimentos que tú mismo cultivas te dará un placer indescriptible. En un solo bancal, podrás tener varias verduras y plantas frutales, y, si tienes suficiente espacio, podrías tener una enorme huerta que te proporcionará una cantidad decente de frutas, verduras, semillas y germinados para tu dieta vegana. Mientras más grande la huerta, más trabajo tendrás, y es por esto que es conveniente trabajar en grupo. Las huertas comunitarias son una excelente opción en esta época, y podrían ser una necesidad absoluta en el futuro ante una escasez de agua y alimentos.