En un blog dirigido a vegetarianos y veganos, sería muy fácil caer en excesos de mutuo elogio. “Eres vegano, entonces eres de los míos y aquí leerás cosas extraordinarias de gente como nosotros”. ¿Eso está mal?. No, para nada. Compartir en comunidad también consiste en disfrutar de las afinidades que se tienen con otros.

Sin embargo, si se piensa en la valía que tiene el convencer al otro -por la vía del afecto- de lo extraordinario que es ser vegetariano o vegano, entonces lo sensato es no tomar distancia de aquellos que no piensan como “yo”. Es lo contrario, se necesita conocer más sobre ellos y mejorar la retórica.

Entonces hay que comenzar, como dicen los abuelos, por el principio. Hay que aceptarlo: es difícil convencer a las personas para que cambien a una dieta vegetariana, y será aún más difícil que lo hagan por una dieta vegana y además de un sólo salto.

Sobre esto hay una información reveladora que comparte el periodista Tom Jacobs, quien escribió acerca de esto en el portal psmag.com.

El consumo de carne está asociado a un mayor estatus social

Los ambientalistas han sostenido durante mucho tiempo que una manera en que todos pueden ayudar a combatir el cambio climático es comer menos carne. Pero el consumo de carne en realidad está aumentando, tanto en los Estados Unidos como a nivel mundial.

¿Por qué es tan difícil dejar el asado, la hamburguesa y los filetes?. Una investigación reciente proporciona una respuesta sorprendente. Encontró que comer carne es un acto simbólico, una forma de declararse, a sí mismo y a quienes están alrededor, de que se es una persona prominente y prestigiosa.

Parece absurdo que una persona esté dispuesta a comprar una hamburguesa con queso en McDonald’s o Burger King por un poco más de dinero, sólo por aparentar. Pero los investigadores australianos Eugene Chan y Natalina Zlatevska argumentan que la carne se ha asociado con un alto nivel social en la mayor parte de la historia humana.

“En el pasado evolutivo de la humanidad, los que consumían carne eran fuertes y poderosos”, escriben en la revista Appetite. “Por lo tanto, el hombre vio la carne como un indicador de estatus social. Esta conexión simbólica persiste hoy”.

El experimento que permite concluir la relación entre consumo de carne y sentido de poder

Los investigadores describen tres experimentos que proporcionan evidencia para esta tesis. El más revelador incluyó a 179 adultos estadounidenses que comían carne y que fueron reclutados en línea.

Los participantes comenzaron recordando un momento en el que se percibían a sí mismos en una posición superior o inferior en relación con sus compañeros. Se les pidió que describieran las circunstancias específicas que llevaron a esta realización y los sentimientos que evocó.

Luego llenaron una escala de “sentido de poder”, describiendo el grado en que estuvieron de acuerdo con afirmaciones como “si quiero, puedo tomar las decisiones”.

Posteriormente, se les presentó una foto y una descripción escrita de un producto cárnico, un taco de cerdo, y se les pidió que calificaran su conveniencia en una escala de uno a nueve. Finalmente, dieron una estimación del tamaño de la brecha entre los ricos y los pobres en su estado natal.

Los investigadores informaron que los participantes preparados para pensar que eran bajos en estatus social le dieron al taco de carne una calificación más alta. Los resultados son consistentes con los de un estudio de laboratorio separado, en el que estudiantes universitarios que se sentían con un estatus bajo se llevaron a casa más muestras gratuitas de carne seca que los que se consideraban de alto estatus.

Curiosamente, este efecto fue más fuerte en los estatus con mayores niveles de desigualdad social (según lo estimado por los participantes). No hace falta decir que el estatus es un asunto más urgente cuando hay grandes brechas entre las clases sociales.

Un estudio final encontró que esta dinámica no se produjo cuando la comida en cuestión era hamburguesas vegetarianas. Además, “no se puede explicar por el hambre sentida”, añaden los investigadores.

Entonces, ¿se puede luchar contra el instinto social e innato de comer carne?

Dado que el estatus social es ampliamente considerado como un impulso humano innato, estos resultados parecen ser una mala noticia para el planeta. Pero no necesariamente, argumentan Chan y Zlatevska.

“El estatus es subjetivo y maleable en cierta medida”, señalan. “Un bono de salario inesperado, otras personas que alaban el trabajo de uno, o simplemente compararse con otros más bajos o más altos en la escala socioeconómica pueden cambiar las percepciones del propio estatus”.

Por lo tanto, los médicos que deseen fomentar dietas saludables y con muchos vegetales pueden hacer esa sugerencia a sus pacientes, después de transmitir sutilmente respeto y honor. Esta investigación sugiere que podría ser mucho más eficaz que una severa admonición.

Ceres Justos Colombia

 

Por supuesto, el consumo de carne está impulsado por una variedad de factores, incluyendo el gusto, el hábito y, para los hombres, la noción de que transmite masculinidad. Un reciente estudio italiano encontró que las mujeres prefieren a los hombres que comen carne. Pero eso, también, probablemente esté relacionado con las suposiciones sobre el estatus.

Por lo tanto, reducir el consumo de carne requerirá cambiar algunas creencias fundamentales. Hombres reales, se dice, comen carne. Pero, de hecho, es más probable que los hombres que se sienten cómodos con su posición social prefieran la pasta primavera. Y pensar en una deliciosa pasta vegana no vendría nada mal. Por lo tanto, si el lector se encuentra en Medellín y se antoja de visitar el mejor restaurante vegano de la ciudad, entonces como dicen los abuelos -otra vez-: “mijo, déjese aconsejar”.